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Aves · Fellfolio · Cuidado de animales

Guacamayo azul y amarillo: espacio, compañía y muchos años juntos

Un guacamayo sujeta una nuez con la pata, le da vueltas y busca otro punto donde apoyar el pico. Su compañero descansa en una rama cercana. Estos ratos tranquilos forman parte de su vida tanto como las alas de colores vivos y los gritos potentes.

Convivir con ellos supone reservar espacio para dos aves compatibles y disfrutar también de sus cuidados diarios. Preparar comida, cambiar ramas, limpiar y ofrecer actividades son tareas habituales. El compromiso puede durar varias décadas, por lo que conviene pensar en la vivienda, los vecinos y quién podrá ayudarte antes de su llegada.

Ara ararauna

Un guacamayo azul y amarillo posado en un poste de madera, con un fondo natural.
Compañía compatible
Un compañero de la misma especie debe formar parte del proyecto. Una relación estrecha con las personas no puede sustituir ese vínculo.
Espacio para volar
Los guacamayos grandes necesitan recorridos despejados y un recinto resistente. Una jaula en el salón no basta para ofrecerles ese movimiento.
Mirar al futuro
Conviene prever los gastos veterinarios, los cuidadores de apoyo y los posibles cambios de vivienda antes de acogerlos.

Alas azules, pecho amarillo y un pico poderoso

Ara ararauna se conoce como guacamayo azul y amarillo o guacamayo azulamarillo. El World Parrot Trust indica una longitud total de unos 86 centímetros, incluida la larga cola, y un peso aproximado de 1 a 1,3 kilogramos. El azul del dorso, la parte inferior amarilla, la frente verde y la piel clara del rostro cruzada por líneas de plumas oscuras ayudan a reconocerlo.

La especie procede de América tropical, donde ocupa bosques, entornos fluviales y sabanas arboladas. En libertad, las aves buscan alimento en grupo y los miembros de una pareja suelen mantenerse cerca. El plumaje no permite distinguir de forma fiable a machos y hembras.

Elegir aves que se lleven bien

Acicalarse mutuamente, llamarse y compartir lugares de descanso forman parte de su vida social. Acoger una pareja ya establecida en un centro de rescate responsable puede facilitar la elección. Para presentar un nuevo compañero, pueden ayudar cuidadores experimentados y un veterinario especializado en aves.

Un ave recién llegada debería pasar una revisión veterinaria y alojarse inicialmente separada de las demás. Esta cuarentena reduce el riesgo de transmitir infecciones que hayan pasado inadvertidas. La duración y las pruebas necesarias se acuerdan con el veterinario. Después, las presentaciones pueden avanzar poco a poco, manteniendo alojamientos separados para los primeros encuentros y para posibles conflictos.

Una pareja compatible puede compartir una pajarera grande si ambos animales pueden alejarse del otro. Meter dos guacamayos grandes en una jaula corriente deja pocas opciones para hacerlo. Las persecuciones repetidas, los mordiscos o impedir que uno coma requieren una separación segura. La convivencia real de las aves debería orientar la organización del alojamiento.

Reservar un espacio donde puedan volar

Una pajarera es un recinto amplio para aves. En el caso de los guacamayos, su distribución debería permitir vuelos reales entre las perchas. Una estructura alta y estrecha ofrece poco recorrido si los animales se limitan a trepar de rama en rama. Una habitación para aves también necesita un tramo largo y despejado, sin muebles, lámparas ni juguetes en medio.

En 2018, los especialistas del proyecto de investigación alemán Exopet recomendaron para una pareja una pajarera de al menos 4 × 2 × 2 metros, junto con varias horas diarias de vuelo fuera de ella. Para la habitación de vuelo propusieron un mínimo de 30 metros cuadrados de superficie. La recomendación ayuda a hacerse una idea del espacio que necesitan dos guacamayos.

El recinto puede equiparse con ramas naturales robustas de distintos grosores y lugares seguros donde posarse. Los comederos deberían quedar fuera de la caída de excrementos desde las perchas. Un alojamiento exterior necesita además un refugio adecuado con calefacción y un acceso seguro entre ambas zonas. El asesoramiento especializado antes de construir ayuda a coordinar clima, iluminación, materiales y limpieza.

Un hogar preparado para su curiosidad

Cierres, mallas y fijaciones deberían estar diseñados para loros grandes. Un guacamayo explora con el pico todo lo que alcanza. Por eso conviene dejar fuera de su alcance los cables, los revestimientos que se desprenden y las piezas pequeñas sueltas. Los juguetes y materiales deberían revisarse con frecuencia y sustituirse cuando el desgaste los vuelva peligrosos.

Antes del vuelo libre deberían cerrarse las puertas exteriores y las ventanas, incluidas las oscilobatientes. Los cristales grandes necesitan elementos que los hagan visibles como obstáculos. Los ventiladores deberían estar apagados y los recipientes abiertos con agua, protegidos. Los demás animales deberían permanecer en otra habitación.

La cocina no es un lugar adecuado para alojarlos. Además de las superficies calientes y las ollas abiertas, existen riesgos por los vapores. El PTFE es un plástico presente en algunos recubrimientos antiadherentes. Al calentar estos productos, especialmente si se sobrecalientan, pueden liberarse sustancias mortales para las aves. También deberían mantenerse lejos el humo, los ambientadores en aerosol y los vapores de limpieza.

Una dieta con más que frutos secos

Abrir nueces mantiene ocupado el pico, pero las nueces y las pipas de girasol por sí solas no cubren sus necesidades nutricionales. Un alimento completo adecuado para guacamayos puede ser la base. Suele presentarse como pienso en pequeños gránulos que reúnen varios ingredientes. Las porciones apropiadas de verduras y otros alimentos acordados con el veterinario aportan variedad.

Las cantidades dependen, entre otros factores, de la actividad, el peso, el estado físico y la dieta habitual. Pequeñas porciones de frutos secos también sirven para juegos de búsqueda o como recompensa. Cuentan dentro de la alimentación diaria y deberían incluirse al calcular las raciones.

Un guacamayo que no conoce ese pienso necesita aprender a reconocerlo y aceptarlo como comida. El cambio debería ser gradual. El alimento habitual solo debería reducirse cuando se compruebe que el ave come el nuevo. Pesarla regularmente ayuda a detectar una pérdida de peso no deseada. Agua limpia, lavado diario de los recipientes y retirada a tiempo de los restos perecederos forman parte de la rutina.

Buscar, deshacer y aprender juntos

Un guacamayo puede pasar mucho tiempo desprendiendo corteza o trabajando un trozo de madera apropiado. Se le pueden ofrecer materiales sin tratar y seguros para loros, destinados precisamente a ser desmenuzados. Las pequeñas porciones de comida en juguetes accesibles añaden otra actividad. Al principio la recompensa debería resultar fácil de alcanzar, antes de complicar la búsqueda.

Las sesiones breves y voluntarias pueden facilitar los cuidados. Subirse voluntariamente a una percha ofrecida puede premiarse de inmediato. Más adelante se puede practicar el paso de esa percha a un transportín. Permanecer tranquilo sobre una báscula también es útil. Si el ave se aleja, el siguiente acercamiento debería comenzar desde más distancia. Gritar o sujetarla a la fuerza durante los ejercicios dificulta la confianza.

Convivir con sus llamadas y sus descansos

Los gritos potentes de un guacamayo se oyen a mucha distancia. Son parte de su comunicación y no desaparecen simplemente con adiestramiento. Antes de decidir, merece la pena hacer una visita prolongada a un cuidador experimentado o a un centro de rescate. Así resulta más fácil valorar si el ruido y la rutina encajan en la vivienda.

Una rutina previsible puede combinar vuelos, comida, actividades compartidas breves y descanso sin interrupciones. Cada ave debería tener también cosas que hacer por su cuenta. Por la noche necesitan un lugar tranquilo, sin televisión, conversaciones ni cambios continuos de luz. Si el trabajo suele terminar tarde, conviene implicar a otra persona conocida en los cuidados.

Conocer su historia antes de la llegada

La alimentación habitual, las relaciones con otras aves, los antecedentes de salud y las rutinas importan más que una promesa de que el guacamayo es muy dócil. Los jóvenes deberían comer solos. Terminar en casa la alimentación a mano de un polluelo aún no destetado no es una tarea adecuada para alguien sin experiencia.

Los polluelos criados por sus padres aprenden también al relacionarse con otros loros. La cría a mano puede ser necesaria en determinadas situaciones, pero no debería venderse como un atajo para lograr un vínculo especial con las personas. Un ave que ya ha sido criada así merece igualmente compañía adecuada y una adaptación paciente.

Si un guacamayo come menos, está mucho más apagado o sus excrementos cambian, conviene contactar pronto con un veterinario especializado en aves. La dificultad para respirar o una debilidad intensa requieren ayuda inmediata. Tener listo el transportín y guardados los contactos de urgencias facilita el traslado a la clínica.

Pensar en las próximas décadas

El World Parrot Trust recoge una longevidad posible de 60 años. La responsabilidad puede prolongarse mucho más allá de las circunstancias actuales. ¿Quién podría cuidarlos durante una enfermedad, alojarlos en una mudanza o hacerse cargo de ellos de forma permanente? La persona de apoyo debería conocer ya a la pareja y las rutinas de seguridad.

El planificador de gastos ayuda a separar la pajarera, las obras y el equipo de transporte de los costes habituales. Comida, renovación de materiales para entretenerse y atención veterinaria deberían incluirse en el presupuesto regular. El plan de cuidados permite reunir también las pautas de alimentación, la revisión de puertas y los contactos para quien tome el relevo.

Preguntas frecuentes

¿Puede vivir solo un guacamayo azul y amarillo?

Necesita compañía compatible de su misma especie. Encontrar pareja para un ave que lleva años sola puede requerir ayuda especializada. Su experiencia anterior debería tenerse en cuenta durante ese proceso.

¿Dos guacamayos pueden seguir confiando en las personas?

Dos guacamayos que viven juntos pueden desarrollar confianza en las personas. La cercanía que buscan varía entre individuos. Las actividades voluntarias breves permiten construir esa relación sin separarlos.

¿Basta una jaula grande con salidas diarias?

Las aves de este tamaño necesitan un recinto espacioso combinado con una zona amplia de vuelo. La distribución debería dejar recorridos libres. Un árbol para trepar y unas vueltas cortas alrededor de la mesa no cubren esa necesidad de movimiento.

¿Tiene que aprender a hablar?

No. Repetir palabras humanas no mide la calidad de sus cuidados. Es más útil observar qué actividades disfruta y cómo se comunica con su compañero y con las personas conocidas.

Fuentes y créditos de las fotos

Créditos de las fotos

Foto: Blue-and-yellow macaw (Ara ararauna) · Arthur T. LaBar · CC BY 2.0.

Foto: Arara canindé - Ara ararauna · Luiz Carlos Rocha · CC BY-SA 2.0.

Foto: Hello, hello! · Jan Smith · CC BY 2.0.

Foto: Papagei · Kathrin Mezger · CC BY-SA 2.0.

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