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Aves · Fellfolio: cuidados de mascotas

Entrenamiento de aves: confianza, transportín y cuidados veterinarios

Un ave se posa en una rama conocida, sube a un posadero que le ofrecen y recibe un pequeño premio. Más adelante, esa misma secuencia puede ayudarla a acercarse con calma a la báscula o a entrar en el transportín. Estas habilidades facilitan los cuidados diarios y pueden reducir el estrés de una visita al veterinario.

El entrenamiento debe adaptarse a la especie y a cada ave. Un diamante mandarín puede aprender a acudir a un comedero conocido, mientras que un yaco quizá ofrezca voluntariamente una pata para que se la revisen. La práctica voluntaria de gestos que facilitan los cuidados y las revisiones veterinarias se conoce como entrenamiento médico. La confianza con las personas varía entre aves. Los pasos pequeños y claros, junto con la posibilidad de alejarse, les ayudan a aprender.

Cotorra de mejillas verdes posada en una mano.
Elección
El ave debe poder acercarse y volver a alejarse. Sujetarla por la fuerza no es un paso del entrenamiento.
Claridad
Un pequeño premio justo después de la conducta deseada le ayuda a entender qué ha hecho bien.
Cuidados cotidianos
Entrar en el transportín, pesarse y aceptar breves revisiones visuales son objetivos especialmente útiles.

Preparar un entorno tranquilo para aprender

Un posadero conocido y un momento tranquilo facilitan el comienzo. El ave debe estar despierta y atenta, sin distraerse por un entorno nuevo o una disputa con otras aves. Su refugio habitual debe seguir accesible. Conviene asegurar puertas y ventanas y dejar a las demás mascotas fuera de la habitación.

Como premio puede servir un trocito muy pequeño de uno de sus alimentos favoritos, siempre que sea adecuado para ella y se tenga en cuenta dentro de su alimentación habitual. No conviene quitarle comidas para forzar su participación. Algunas aves también disfrutan de la atención o de una actividad concreta. La reacción de cada ave te ayudará a saber qué premio le gusta.

Si entrenas a varias aves, prepara el espacio para que ninguna acose a otra ni le quite los premios. No hace falta separar durante mucho tiempo a las compañeras que ya se conocen. Un posadero para cada una, con suficiente distancia entre ellos, puede bastar. Así también te resultará más fácil reconocer el momento preciso que quieres premiar.

Usar premios y un palo diana

El refuerzo positivo consiste en ofrecer algo agradable después de una conducta para que el ave tenga más motivos para repetirla. Una palabra breve o un clic suave pueden señalar el momento exacto. Al principio, esa señal debe ir seguida de un premio de forma constante. No necesitas un dispositivo especial.

Un palo diana, también llamado target, es un objeto seguro cuya punta el ave aprende a tocar voluntariamente con el pico. Al principio puedes premiar que lo mire, después que se acerque un poco y, por último, que lo toque. Cada paso en la dirección adecuada puede recibir un premio.

Mantén el palo diana a una distancia desde la que el ave pueda mirarlo o acercarse por iniciativa propia. No lo empujes contra el pico ni hacia su cara. Con la práctica, puede llegar a seguirlo unos pocos pasos. Para los pinzones pequeños, empezar por un posadero o un comedero conocido puede resultar más sencillo.

Subir a un posadero o a la mano

Para algunas aves, un posadero firme resulta más cómodo que una mano. Puedes mantenerlo quieto, a una altura fácil de alcanzar, junto a su lugar habitual. Premia que se acerque por voluntad propia. Más adelante, puedes premiar que apoye una pata y, finalmente, que suba por completo.

Bajar para volver a su sitio forma parte del ejercicio desde el principio. Así, el ave aprende que puede regresar a un lugar conocido. Cuando suba con tranquilidad, podrás mover el posadero un poco. Llevarla a más distancia será un paso posterior.

Si el ave se inclina para alejarse, pega las plumas al cuerpo o muestra que está a punto de salir volando, simplifica el ejercicio u ofrécele una pausa. Presionarle el vientre con la mano hasta obligarla a subir le quita la posibilidad de elegir y puede aumentar sus reacciones defensivas. Si ya teme las manos, quizá necesite cambios muy pequeños y más repeticiones a una distancia a la que esté tranquila. Su respuesta debe marcar el ritmo, sin un plazo fijo.

Familiarizarse pronto con el transportín y la báscula

Al principio, el transportín puede estar abierto cerca del lugar donde el ave suele pasar el tiempo. El primer paso es que se acostumbre a verlo. Después puedes premiar por separado que se acerque, se pose junto a la entrada y entre. La puerta solo se cierra durante un instante cuando el interior ya le resulta familiar. Levantar el transportín, llevarlo unos pasos y hacer un trayecto corto en vehículo se practican como etapas distintas.

Una báscula digital adecuada necesita un posadero o una plataforma firme y antideslizante. Hay que restar el peso del soporte o poner la báscula a cero con él colocado. Para practicar, el ave puede conocer primero el posadero o la plataforma por separado y usarlo después sobre la báscula.

Los pesos anotados son más fáciles de comparar si pesas al ave aproximadamente a la misma hora del día. Para aves muy pequeñas, la báscula debe mostrar con fiabilidad cambios pequeños de peso. Una clínica veterinaria especializada en aves puede aconsejarte qué aparato usar y qué significan los cambios de peso para su especie. Si detectas una pérdida de peso preocupante, consulta allí en lugar de repetir el ejercicio de pesaje.

Preparar los cuidados veterinarios

El entrenamiento médico enseña al ave a colaborar por voluntad propia en pequeños ejercicios que pueden facilitar futuros cuidados o revisiones. Por ejemplo, el ave puede aprender a quedarse tranquila en un lugar, mostrar una pata durante un instante o aceptar que haya una toalla cerca. El primer paso debe ser lo bastante sencillo para que participe relajada. Al principio, basta con mostrarle la toalla, sin envolver al ave.

Conviene acordar con la clínica veterinaria qué ejercicios serán útiles para los cuidados de tu ave. Si tienes que darle un medicamento con jeringuilla, necesitas que te enseñen exactamente cómo hacerlo. El entrenamiento no sustituye las indicaciones sobre la dosis ni la forma segura de administrarlo. Incluso un ave acostumbrada a colaborar puede necesitar que un profesional la sujete de forma adecuada durante una exploración urgente o que se le realice otro procedimiento veterinario.

Con un ave mayor o que se recupera de una enfermedad, adapta la duración y el esfuerzo físico a lo que pueda hacer. Unas pocas repeticiones tranquilas pueden ser más útiles que un intento largo. Si se gira o se retira, respeta que quiera distancia. Una nota breve sobre el último paso que hizo con calma y aquel en el que prefirió alejarse te ayudará a preparar la siguiente sesión y permitirá que otra persona siga una rutina parecida.

Preguntas frecuentes

¿También pueden aprender los pinzones?

Sí. Las rutinas previsibles y los premios pueden ayudarles a aprender. Acudir voluntariamente a un comedero o volver con calma a la voladera son objetivos adecuados. No hace falta que el contacto físico sea uno de ellos.

¿Cuánto debe durar una sesión?

La atención y el lenguaje corporal del ave te indicarán cuánto tiempo le viene bien. Al principio pueden bastar unas pocas repeticiones tranquilas. Si se aleja o pierde el interés, deja que haga una pausa.

Fuentes y créditos de las fotos

Créditos de las fotos

Foto: Pyrrhura molinae -pet-8a.jpg · Eric Sonstroem from California, USA · CC BY 2.0. La imagen se ha reducido de tamaño sin alterar sus proporciones y se ha convertido al formato de imagen WebP. Según el diseño de la página, puede aparecer recortada.

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